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Bodega

Celler del Roure

Pablo Calatayud, casi cien tinajas enterradas del siglo XVII y las uvas valencianas que nadie quería.

Celler del Roure nació a finales de los noventa en Moixent, en las Terres dels Alforins, y lo montó Pablo Calatayud con su padre al terminar Agrónomos. La familia no venía del vino: venía del mueble. Empezaron como empezaba todo el mundo entonces, con variedades internacionales y barrica, hasta que Calatayud llegó a la conclusión de que aquello no era lo suyo ni lo de aquí.

El giro llegó en dos frentes a la vez. Por un lado, las uvas: se puso a rescatar mandó, arcos, forcallà y verdil, castas locales que el siglo XX había arrancado por dar poco color y poco grado. Por otro, el recipiente. En 2006 la familia compró una finca vecina que escondía un celler soterrani, tres galerías subterráneas con unas noventa y seis tinajas de barro enterradas, construidas entre los siglos XVII y XIX. En vez de convertirlo en museo, lo pusieron a trabajar.

Desde entonces buena parte de la casa fermenta y se cría en tinaja, sin madera nueva de por medio, en viñedo ecológico de suelos calcáreos a 600 metros. El resultado son vinos pálidos, frescos y bebibles (Vermell, Safrà, Parotet, el blanco Cullerot) que sacaron a Valencia del cajón del granel, y una gama alta, Ferrero i Senís, donde el listón se pone todavía más arriba.

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