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El Club Clandestino de Cata es un grupo de gente que abre botellas y cuenta qué tal estaban. Sin cuota, sin carnet y sin nadie repartiendo puntos. Empezó en Instagram en diciembre de 2024 y esta web es donde esas botellas dejan de ser una historia que se borra a las 24 horas y se pueden buscar, releer y, si te apetece, comprar.

Dónde empezó todo

En 2012, en un curso de iniciación en Vino & Compañía, en Madrid. Ahí cayó un Viña Gravonia de López de Heredia y fue el vino que hizo que el vino me hiciera click. No sabía explicar por qué, pero algo se movió de sitio. Catorce años después volví al mismo local a una cata histórica de la bodega y me lo pusieron otra vez delante. Suerte la mía.

De ahí a abrir una cuenta para contarlo pasó bastante tiempo y ninguna estrategia. Escribo desde Tenerife, que es un sitio raro y bueno para esto: aquí se hace vino en cotas donde no debería crecer nada, con uvas que no verás en ninguna otra parte y a pie franco, porque la filoxera nunca llegó. Se nota en el acento y se nota en lo que bebemos.

Cómo catamos

En casa somos normalmente doce y caen seis botellas. Nadie escupe, nadie va con libreta y todo el mundo opina, sepa de vino o no. De hecho quien no sabe suele decir lo más útil de la noche, porque describe lo que huele sin buscar la palabra correcta.

También montamos catas abiertas. La de "Productoras de Canarias", en Vinófilos Santa Cruz, dio para tanto que una periodista de El Día acabó escribiendo un reportaje sobre las mujeres que están cambiando el vino en las islas. Y a las que no organizamos vamos igual, como aquella de vinos con helado hecho al momento con nitrógeno líquido. Cuando hay una, se avisa en el Instagram.

Cómo escribimos

No rellenamos fichas. No hay "néctar de los dioses" ni "sinfonías en boca". Si un vino nos recuerda a lamer una gominola con pica-pica o a esas flores amarillas cuyos tallos mordisqueabas de pequeño, eso es lo que ponemos, porque es lo que de verdad pasó en la copa.

La regla de la casa es sencilla: por cada nota de manual (fruta roja, mineral, floral) hay que ganarse el derecho con al menos una imagen propia. Si el párrafo podría estar en la contraetiqueta de cualquier botella, no vale.

Y cuando no sabemos, lo decimos. Hay uvas que todavía no tenemos cogidas y vinos que nos han pillado a contrapié. Escribirlo cuesta menos que fingir y se lee mejor.

Lo que no hacemos

  • No cobramos por escribir de una botella. Ninguna bodega paga por salir aquí.
  • No ponemos puntuaciones sobre 100. Un número no te dice si esa botella te va a gustar a ti.
  • No escondemos las botellas que no nos gustaron. Un vino que no funciona también enseña algo.
  • No mezclamos el dinero con la cata. Cuando hay comisión de por medio se dice dónde y cuánto, en el aviso de afiliados.

Por dónde empezar a leer

Si acabas de llegar y no sabes por dónde entrar, estas tres van bien de puerta:

Y si prefieres ir directo a las botellas, están todas enBotellas, con su ficha y su nota.

Quién anda detrás

Rafa, desde Tenerife, y un grupo de amigos con demasiada curiosidad por lo que hay dentro de una botella. También escribo sobre vino en Gastro Canarias. Escribimos en primera persona porque el Club es eso: gente concreta con criterio propio, no una marca sin cara.

La conversación de verdad pasa enInstagram, que es donde se abren las botellas, se discute si algo huele a piña o a piedra mojada y se organiza la próxima cata. Si tienes una recomendación o quieres decirnos que nos hemos equivocado con un vino, es el sitio.