Monopole Blanco Seco Reserva 2021: la Viura de CVNE que se ríe en tu cara
Va de ligerito y a la segunda copa se ríe en tu cara. Una Viura de Rioja criada bajo velo de flor, con su chorrito de manzanilla y cien años de historia detrás.
Hace unos días nos descorchamos un Monopole Blanco Seco Reserva 2021, el blanco con crianza de CVNE. Lo pedí por inercia, sabiendo que iba a estar increíble. Y aun así me sorprendió cuánto me gustó.
Porque este vino tiene truco: parece ligerito y al segundo se ríe en tu cara, con un empaque, un sabor y una textura que no te ves venir.

Cien años y una sola botella de 1979
Monopole es la marca de vino blanco más antigua de España: se registró en 1915. Durante buena parte del siglo XX se hizo al estilo de entonces, Viura criada en madera con un chorrito de manzanilla de Sanlúcar. Sí, manzanilla en un Rioja. Con los años esa receta se perdió y el Monopole se convirtió en un blanco joven más, de acero y fruta.
Hasta que, con el centenario acercándose, alguien en CVNE quiso volver a probar el original. Bajaron a la bodega a buscar botellas del estilo viejo y encontraron exactamente una, de 1979. La abrieron, seguía viva y fresca, y decidieron que aquello no podía quedarse en anécdota.
Para resucitarlo sacaron de la jubilación a Ezequiel García, el enólogo de la casa entre los años 40 y 70, que volvió para enseñarles a hacer el blanco de siempre (y dejó el proceso por escrito antes de fallecer en 2017). El resultado es este Clásico Reserva: Viura de un viñedo propio en Villalba de Rioja, suelos calcáreos a más de 600 metros, unos 8 meses en barricas usadas criándose bajo velo de flor y su toque de manzanilla de Bodegas Hidalgo. Un blanco de Rioja que no se parece a ningún otro blanco de Rioja.
La cata: va de ligerito y no lo es
En nariz es fruta blanca, almendra, limón y vainilla, con un fondo a cera de abeja que no se me va de la cabeza. Esa almendra y esa cera no salen de la uva: son el velo y la manzanilla trabajando. Manzanilla por partida doble, además: la bodega habla también de la flor seca en nariz, y en esta copa uno ya no sabe cuál de las dos está oliendo.
En boca es fresco y ácido, de trago fácil al principio. Y ahí está la trampa: enseguida asoma una textura casi grasa, un punto untuoso que no esperas de algo que entra tan ligero. El final es largo y mineral, de los que se quedan un rato.
¿Con qué beberlo?
Con carnes grasas. Sí, un blanco para carne: la acidez corta la grasa y el cuerpo aguanta el envite sin despeinarse. Pluma ibérica, unas costillas, un asado de los de domingo. También le va el pescado con salsa y el queso curado, pero donde de verdad se luce es donde un blanco normal se rendiría.
Lo pedí por inercia. Lo repetiré por convicción.
Si te van los blancos con cuerpo, acierto seguro.