Forcallà
La otra superviviente valenciana. Vaso viejo, arcilla y caliza, y una pimienta que no se le va.
La forcallà (forcallat tinta para los papeles) es una tinta valenciana de toda la vida que corrió la misma suerte que la arcos: durante el siglo XX se la consideró poco rentable por su maduración tardía y su falta de color y de grado, y fue desapareciendo del mapa a golpe de reconversión. Quedaron cepas viejas en vaso, sueltas, en las parcelas más arcillosas de las Terres dels Alforins.
En copa aporta lo que a la arcos le falta: un punto más de estructura y de tanino, una especia insistente (pimienta negra, monte bajo, tomillo) y ese fondo mineral de los suelos calcáreos. Nunca se pone pesada, eso sí; hablamos de vinos de doce y medio de alcohol que se beben solos. Trabajada con racimo entero y criada en barro, la forcallà es la prueba de que en el Mediterráneo también se puede hacer vino ligero sin renunciar al sabor.