Pinot Noir
La tinta más delicada y más difícil del mundo. Cuando sale bien, no hay otra.
La Pinot Noir es la uva tinta de Borgoña y, seguramente, la más caprichosa que existe. Piel fina, racimo apretado y una sensibilidad enfermiza a todo: al calor, a la lluvia, al hongo, al viticultor con la mano pesada. Da vinos de color pálido, poco tánicos y con una acidez viva, lo contrario de lo que mucha gente espera de un tinto. Por eso decepciona a quien busca músculo y engancha para siempre a quien busca finura.
No es solo cosa de Francia. Alemania es el tercer productor mundial, con unas 11.500 hectáreas plantadas, y allí se llama Spätburgunder, “el borgoña tardío”; en Italia es Pinot Nero y en Austria, Blauburgunder. También está en Oregón, en Nueva Zelanda, en Chile y en Champagne, donde entra en la mezcla de la mayoría de los espumosos aunque el vino salga blanco. Es una uva que copia el sitio donde crece con una fidelidad casi indiscreta: por eso dos Pinot de dos laderas vecinas pueden no parecerse en nada.