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Botellas ·

Lorelay Toto 2024: la ópera prima orange de un listán blanco a 1400 metros

Tres meses de pieles, viña prefiloxérica a pie franco en Güímar y 386 botellas numeradas. Empezar un proyecto por el escalón más alto del Canary Wine.

Ópera prima. ¿Vino primo? Bueno, ya me entienden.

Lorelay se tiró a la piscina con su proyecto y ya tiene su primer vino fuera, el Toto 2024. He tenido la suerte de irlo siguiendo paso a paso, básicamente a base de darle la lata preguntándole cuándo lo íbamos a poder probar. “Estamos vendimiando”. “Está en las barricas”. “Ya está en botella”. “Lo estoy etiquetando”. “Ya te lo tengo listo”. Meses de eso.

Y se nota, hablando con ella, que se ha volcado en cuerpo y alma.

Botella del Lorelay Toto 2024, orange wine de listán blanco del Valle de Güímar, con su etiqueta color ámbar y el nombre manuscrito sobre una encimera de granito.
Hay 386 botellas de estas en el mundo. Esta era una de ellas.

Un vino de parcela a 1400 metros (y solo 386 botellas)

Toto no es el nombre del vino: es el nombre de la parcela. Está en Los Pelados, en Güímar, a 1400 metros, que en Tenerife es una cota donde ya casi no queda nadie plantando nada. Los Pelados y Las Dehesas son las dos zonas altas del valle, entre los 1.200 y los 1.500 metros, y están entre los viñedos más altos de España. Suelos volcánicos pobres, pedregosos, con algo de arcilla y una pendiente que explica por qué la vendimia fue a mano y por qué salieron 386 botellas y no 3.860.

La viña es prefiloxérica, a pie franco, sin injertar. Eso en Canarias suena normal de tanto repetirlo, pero conviene recordar que es una rareza mundial: cepas de listán blanco plantadas sobre su propia raíz, de las que en el resto de Europa se llevó la filoxera hace más de un siglo.

Y luego está la letra pequeña de la etiqueta, que es lo mejor. Pone “Vino de Parcela con D.O.P. Islas Canarias”. La DOP Islas Canarias montó hace unos años una pirámide de origen calcada de la de Borgoña: vino de región abajo, luego vino de isla, luego vino de municipio y arriba del todo el vino de parcela, reservado a una parcela con suelo y microclima que la diferencien de lo que tiene alrededor. Lorelay ha empezado su proyecto por el escalón de arriba. Con su primer vino. Hay que tenerlos.

La filosofía la cuenta ella sin adornos: dejar que el sitio hable y que la variedad se exprese con libertad, sin recetas. En la práctica eso es fermentación espontánea con levaduras indígenas, tres meses de maceración con pieles, cuatro de crianza sobre lías y mínima intervención en todo lo demás. Vendimia del 30 de agosto de 2024, por si algún día alguien quiere el dato.

Y sí: si buscas este vino en internet no vas a encontrar nada. De momento esto es todo lo que hay.

La cata: melocotón sin pelar y hierbas provenzales

En nariz melocotón y albaricoque, y por detrás unas hierbas provenzales que ya te avisan de por dónde va la cosa. Ella habla de anís, hinojo, orejones y un fondo floral, y no le falta razón, pero lo que a mí se me quedó fue esa despensa de hierbas secas asomando por debajo de la fruta.

En boca es exactamente la textura de un melocotón sin pelar, con su pelusilla y todo. Ligerito, fresco, recorrido largo y muy mineral, con la acidez puesta justo donde tiene que estar. Y ahí vuelven el hinojo y el orégano.

Esa pelusilla no es casualidad: son los tres meses de pieles. Un orange no es un blanco con color, es un blanco que se ha criado como un tinto, y de ahí le viene un taninillo fino que en la copa se nota más en la lengua que en el paladar. Curioso que el otro listán de Güímar que anda por aquí, La Bota de Mateo, acabe también en piel de melocotón por un camino completamente distinto. Misma uva, mismo valle, dos elaboraciones que no se parecen en nada y las dos van a parar a la misma fruta. Algo estará diciendo el sitio.

Está muy rico ahora, pero tiene cuerda para rato.

¿Con qué beberlo?

Con cosas que aguanten el tirón: quesos curados, un arroz de carne, pastas con fundamento, incluso carne roja. Ese punto tánico que le dan las pieles hace que se siente a la mesa como si fuera un tinto ligero, y la acidez le da para cortar grasa sin despeinarse. Sírvelo entre 10 y 13 grados, no más frío, o te pierdes justo la parte de las hierbas.

Aunque, siendo honesto, la primera copa bébetela sola y con calma. Este es de los que tienen cosas que contar.

Si lo encuentras, coge dos. (Son 386 botellas en total, así que suerte con eso. Yo ya tengo la segunda mía escondida.)

El veredicto

Si lo encuentras, coge dos.