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Botellas ·

Todos Blanco 2024: el blanco de Gran Canaria que ya casi no se consigue

306 botellas de un blanco de Gran Canaria con listán blanco, malvasía, vijariego y moscatel. Ligerito, fácil, y con un punto oxidativo que asoma sin llegar a mandar.

En mi ya conocida cruzada por probar todo lo que se hace en Gran Canaria me topé con una rara avis: el Todos Blanco 2024. Un vino que parece pensado para el mercado británico antes que para el bar de aquí abajo, y que pude conseguir, como siempre, gracias a la gente de Canary Wine.

306 botellas. Micro no, lo siguiente.

Botella del Todos Blanco 2024 de Gran Canaria sobre una mesa de madera, con la etiqueta blanca del triángulo invertido y el sello de la Denominación de Origen Gran Canaria.
¿Esa línea negra es el Támesis o me lo estoy imaginando?

Tres amigos, un profesor jubilado y la diosa Tara

Todos es un proyecto de tres amigos de la isla, y el nombre les funciona en dos direcciones a la vez: significa lo que significa, y además son las iniciales de los tres. La etiqueta lo remata con un triángulo invertido, que no es un capricho de diseñador. Es el símbolo que los antiguos canarios asociaban a Tara, su diosa de la fertilidad: un útero que guarda dentro lo que hace falta para que aquí crezca algo, o sea sol, océano, tierra, volcán y viento. (Canarios, ojo, no guanches: los guanches eran los de Tenerife. Es una manía mía y pienso mantenerla.)

La finca, en cambio, no la plantaron ellos. La levantó hace más de veinte años un profesor universitario jubilado en un pueblo de montaña donde nadie hacía vino y todo el mundo cultivaba fruta y hortalizas. Poner viña ahí era, siendo generosos, una excentricidad. Veinte años después el sitio se ha ganado su hueco en el mapa vinícola de la isla, que es lo que pasa de vez en cuando con las excentricidades que aguantan.

306 botellas en una isla de 250 hectáreas

Para entender lo de las 306 hay que entender el tamaño real de Gran Canaria como zona de vino. La DO entera son unas 250 hectáreas, con unas 230 registradas, repartidas en parcelas diminutas de las medianías y las cumbres que muchas veces comparten terreno con papas o frutales. La cosecha de 2024 fueron 196.690 kilos de uva entre 85 viticultores y 34 bodegas. Eso, en cualquier sitio de la Península, es una finca de tamaño medio y punto.

Con esos números, sacar 306 botellas de un vino concreto no es una edición limitada de marketing. Es lo que hay. Y explica bastante bien por qué Gran Canaria suena menos que Tenerife y mucho menos que Lanzarote: no es que el vino sea peor, es que casi no sale de la isla. Y cuando sale, últimamente sale antes hacia Londres que hacia Madrid. Si quieren el mapa completo de las islas, lo contamos en la guía de vinos canarios.

Solo autóctonas (y la que menos suena es la que más manda)

En la botella hay listán blanco, malvasía y un pelín de vijariego blanco y moscatel de Alejandría. Cuatro uvas de aquí y ninguna de fuera, que en 2024 sigue siendo una decisión y no una obviedad.

Lo que casi nadie sabe de Gran Canaria es que su blanca mayoritaria no es el listán blanco, como en el resto del archipiélago, sino precisamente la Moscatel de Alejandría, con el vijariego pisándole los talones. O sea que ese “un pelín” del final de la lista es justo lo que más suena a esta isla y no a ninguna otra. La moscatel pone el perfume sin cargar la boca (aquí se vinifica en seco, que es donde deja de ser postre y se pone interesante) y el vijariego sostiene la acidez por debajo, que es lo suyo: es una uva terca que no suelta el ácido ni con calor ni con humedad.

La cata: un oxidativo que se queda pensándoselo

Es ligerito y fácil de beber, pero con algo de cuerpo por detrás. De los que se dejan beber sin que te des cuenta y luego resulta que la botella está por la mitad.

Y después está lo otro, que es lo que de verdad me llamó la atención: tiene un punto oxidativo. Una cosa que asoma sin llegar a mandar, como si el vino estuviera empezando a plantearse ser más atrevido de lo que al final acaba siendo. No es la nota que lo define. Es la que se queda dando vueltas cuando ya has soltado la copa.

Por si alguien no tiene cogido el término: oxidativo es lo que pasa cuando el vino ha tenido contacto controlado con el aire, y se nota en tonos de manzana asada, fruto seco y algo parecido a la piel de naranja secándose al sol. Llevado al extremo es un estilo entero (los vinos de velo, el jerez). Aquí es un guiño, y de los que se agradecen.

¿Con qué beberlo?

Con pescado, y sin complicarse la vida. La acidez del vijariego pide sal y limón, y el punto oxidativo agradece que le pongas delante algo con un poco de grasa: una vieja sancochada, un pescado al horno, unas papas arrugadas con mojo verde. También aguanta bien un queso tierno de cabra de los de aquí. Con carne roja no lo intenten, que se lo lleva por delante.

También caté el Listán Negro de la casa, pero el blanco le gana la partida de lejos. Sin discusión.

Es una buena introducción a lo que se está haciendo en Gran Canaria y ojalá sirva para que se nos conozca un poco más. Todo suma.

El veredicto

Si te cruzas con una de las 306, no lo pienses.